martes, 21 de junio de 2016

LAS MATEMÁTICAS Y YO

PARTE 1, 2 y 3





@lecorbusier2

PARTE 1

Las matemáticas y yo es algo que empieza en lo exotérico y termina en el esperpento ya que nunca nos hemos llevado nada bien. Desde muy temprana edad las matemáticas a parte de resultarme inútiles para las funciones vitales de “una persona humana” porque  no las necesitamos para nacer, crecer, reproducirnos como locos y morir, siempre me han parecido cosa de nigromantes, brujos, futurólogos y gentes de mal vivir o de vivir en el lado oscuro de las cosas, luego me di cuenta que no porque aunque sea solo para ver que en la nómina mensual que los obreros, que cobramos por vender nuestra fuerza del trabajo, es necesaria para que el patrón, siempre pendiente de donde arañar al obrero para comprarse un mejor Audi, no te tangue o no lo haga en exceso.

De mi etapa escolar temprana recuerdo bien poco del mundo de los números. Algo ocurrió en mi interior para que el cerebro no lo considerara importante y permitiera que este se empapara  con cosas de la biología como atrapar moscar y cortarla las alas para poder apreciar sus reacciones. Vagamente vienen a mi destellos de un pasado, allá por segundo o tercero de la EGB, donde mi querido profesor Don Fausto nos ponía dos cuentas diarias más un dictado en toda nuestra jornada escolar, y recuerdo que yo no daba una ni en  las cuentas ni en el dictado porque que ya a esa edad yo militaba en el mundo del perezoso que como saben es un oso de movimientos lentos y cuya actividad diaria es dormir. Seguramente a diferencia de él que tendrá más pulsaciones de corazón, de mí se decía que solo tenía una al día.


PARTE 2

Después de este primer enfrentamiento con los números de lo que solo recuerdo esto que les he contado, ya pasó así como el que no quiere la cosa al primer de BUP, mi sacrosanto curso por mi tan querido. Y aquí, junto con mis compañeros machos asilvestrados, que éramos todos, siempre asocio las matemáticas a la profesora conocida como Mariló.
Diré de ella que era una profesora muy seria, como en el mundo científico en general, de unos 45 años, rubia teñida, amplias caderas, y medias de rejilla. Para explicarles mejor que sensación provocaba en nosotros los cabestros púberes, nada mejor que una canción del viejo grupo TOPO: “cada movimiento suyo en un murmullo”, pero esto es lo de menos porque lo importante era su manera de afrontar la clase, es decir, la forma de no afrontarla ya que ella llegaba daba los buenos días y nos llenaba la pizarra de números, a lo que yo con bueno modales levantaba la mano y después de diez minutos con ella levantada que parecía más un pretor romano, me atendía gustosamente, o no, esto ya no lo recuerdo.

-Senorita, disculpe que la moleste en esta disertación matemática, pero me he perdido desde que usted ha puesto la fecha en al ángulo derecho del encerado (antes cuando Franco a la pizarra se la llamaba así, ahora creo que la llaman vileda y pizarra digital).
- Vamos a ver Juan, porque usted se llama así creo. (no tenía ni idea porque jamás se había dado la vuelta de la pizarra o encerado desde el mes de clase que llevamos) ¿usted donde estudió exactamente?
-Pos yo (el pos era como el idioma Catalán de la zona donde me crié) en el colegio nacional mixto de mi pueblo (y cuando digo mixto no piensen en una loncha de queso y de jamón de york en dos rebanadas de pan. He de aclararles que cuando yo empecé la tortura de estudio nos dividían entre chicos y chicas y después en un ataque  de modernidad educativa esto cambió y los colegios adoptaban ese nombre para advertir a los padres que eso era lo más parecido a Sodoma y Gomorra debe ser).
-¿Y allí le enseñaron digo yo, a contar gallinas y a restar aquellas que se mueren, o ese día estaba con la rubeola?
-Pues mire señorita (me estaba tocando las narices esta pija de pelotas) no contaba gallinas porque mi padre no tenía gallinas que si las hubiera tenido no me habría hecho falta estudiar porque ya tendría un el oficio, de gallinero, para ganarme mi pan y el de mi prole. Pero vamos senorita yo no habré aprendido a contar gallinas peor usted en los día de clase de  urbanidad (que no de urbanismo. No confundir con los cleptómanos que nos han esquilmado los recursos en áreas municipales dedicados a especular con la vivienda) seguramente estaba comprándose ya medias de rejilla que parece usted mas que una profesora una pescadora.


La hemos jodido, pensé yo para mis adentros, otra que como el resto de la plantilla del profesorado, me va a coger manía. Y efectivamente así fue:

PARTE 3

-Juan, ¿te llamas así verdad? vete al jefe de estudios que luego hablaré yo con él y desde ya te digo que me tendrás que hacer un examen perfecto para poder sacar un cinco.
¿Un cinco? Pensé yo, ojalá.

Mi curso en cuanto a las matemáticas transcurrió haciendo lo que más me gustaba, la biología, y estudio del comportamiento de las moscas en una situación de estrés como por ejemplo, colocándoles pequeños cartelitos de papel atados con un hilo al cuello y verles volar por toda la clase, como esos aviones que pasan cuando uno está en la playa con publicidad “cartelaria” o “pancartela”

Cierto es que yo a pesar de ir a clase me entretenía con las matemáticas porque era como tener la radio encendida escuchando “carrusel deportivo” que es como si no la escuchas pero que cuando dicen gol levantas la cabeza, aunque te dé igual quien haya marcado, pero que este caso la levantaba cuando mi estimada Mariló decía lo de: ¿habéis entendido? Aunque mi mirada era más parecida a la mirada de una jirafa cuando mira así de lado.


Malditas matemáticas.

THE EHD

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