La representación de objetos altamente articulados o flexibles a menudo evoca imágenes juguetonas y curiosas, como en este caso. Sin embargo, aunque la imagen resulte curiosa e incluso bella, el mensaje que transmite es intrínsecamente aterrador.
Las cadenas son un símbolo de propiedad y, en cierto modo, una expresión de egoísmo. Tradicionalmente, las hemos asociado a la propiedad privada de bienes materiales, desde bicicletas hasta casas, e incluso a la posesión de esclavos, como el hombre que exhibe un carruaje. Pero las cadenas también son utilizadas para asegurar a reos, tanto a los que ya han sido condenados como a los que están a la espera de juicio. En estos casos, los reclusos son considerados propiedad del Estado hasta que saldan su deuda con la sociedad.
En esta imagen, una cadena, aún sin un uso específico, ha sido dispuesta sobre un fondo blanco, creando un interesante juego de contorsiones casi geométricas. Los eslabones se entrelazan unos con otros de manera inocente, exhibiendo un brillo plateado y atractivo que capta nuestra atención y nos seduce con sus destellos hipnóticos.
El problema surge cuando el hombre interviene y la cadena es utilizada para su propósito original: reprimir, oprimir e impedir el acceso a nuestras posesiones, que se encuentran en constante riesgo de ser arrebatadas mediante un acto de violencia. Incluso aquello que es de todos anhela ser poseído individualmente.
Existen pueblos, como el español, que irónicamente exclaman "¡Vivan las caenas!" como un canto a la libertad, a la libertad que paradójicamente reside en las cadenas. Esta expresión, en este contexto, resulta incomprensible y contradictoria.
The depiction of highly articulated or flexible objects often evokes playful and curious images, as in this case. However, while the image is curious and even beautiful, the message it conveys is inherently frightening.
Chains are a symbol of ownership and, in a way, an expression of selfishness. Traditionally, we have associated them with private ownership of material goods, from bicycles to houses, and even the ownership of slaves, such as the man displaying a carriage. But chains are also used to secure prisoners, both those who have already been sentenced and those awaiting trial. In these cases, the prisoners are considered property of the state until they pay off their debt to society.
In this image, a chain, still without a specific use, has been arranged on a white background, creating an interesting game of almost geometric contortions. The links intertwine with each other in an innocent way, displaying a silvery and attractive shine that captures our attention and seduces us with its hypnotic flashes.
The problem arises when man intervenes and the chain is used for its original purpose: to repress, oppress and prevent access to our possessions, which are in constant risk of being taken away by an act of violence. Even that which belongs to everyone yearns to be possessed individually.
There are peoples, like the Spanish, who ironically exclaim "Long live the chains!" as a song to freedom, to the freedom that paradoxically resides in chains. This expression, in this context, is incomprehensible and contradictory.
Dosmilcien
@Dosmilcien.bsky.social