Aparte de la línea recta (ese elemento monótono que, paradójicamente, relaja), la imagen contrasta con la naturaleza. Una naturaleza ajena a la intervención humana, que habita un mundo espontáneo pero matemático, libre de la armonía artificial que hemos tenido que inventar para diseñar y construir nuestras cosas.
No lo veo como un enfrentamiento; no hay reglas de combate aquí. Es un complemento. Un diálogo íntimo entre Dios y el ser humano, donde la naturaleza, de vez en cuando, se vuelve revolucionaria para reclamar lo que es suyo.
Al final, solo ocupamos un espacio prestado que alteramos para nuestro propio confort. Una hermosa y constante lucha por la supervivencia. esta fotografía, sin embargo, todo es armonía.

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