Taya de Valéry Katuba / Taya by Valéry Katsuba - #FOTOGRAFÍA #PHOTOGRAPHY

Taya de Valéry Katuba

 


Recuerdo la primera vez que vi la fotografía de Valéry Katsuba. Me quedé impresionado. No era solo una imagen; era una escena conmovedora, un homenaje sincero y poderoso a la pintura académica e impresionista europea y rusa. Katsuba no utiliza el pincel, sino un objetivo fotográfico para recrear esas atmósferas cálidas y jugar con las luces, creando en nosotros una profunda enajenación mental al intentar definir qué es exactamente lo que estamos viendo: ¿es un cuadro o una fotografía?

Nadie puede negar la belleza que emana de esta imagen. Frente a la perfección atemporal del cuerpo femenino, la escena nos invita a viajar a ese segundo exacto en el que parece que la protagonista se levanta de la cama. Un solo cuadro en la pared, una lámpara sencilla y una cama alborotada son los únicos elementos que el fotógrafo necesita para transportarnos a un mundo tan íntimo que nos sentimos dentro de esa habitación, aunque al mismo tiempo nos sepamos ajenos a ella. En esta mezcla de cercanía y distancia, me recuerda irremediablemente a la sensación que se experimenta al observar Las meninas de Velázquez.

Envuelta en esta confusión entre lo real y lo soñado, deseo que esta imagen sea cierta, que sea tangible, que se pueda tocar y oler. Quiero ser parte de esta escena que ahora, de una manera extraña, se me ha hecho necesaria.


I remember the first time I saw Valéry Katsuba’s photograph. I was left speechless. It wasn't just an image; it was a moving scene, a sincere and powerful homage to European and Russian academic and Impressionist painting. Katsuba doesn't use a brush, but a camera lens to recreate those warm atmospheres and play with light, driving us into a profound state of cognitive dissonance as we try to define exactly what we are looking at: is it a painting or a photograph?

No one can deny the beauty emanating from this image. Before the timeless perfection of the female body, the scene invites us to travel to the exact second when the protagonist seems to be getting out of bed. A single framed picture on the wall, a simple lamp, and a rumpled bed are the only elements the photographer needs to transport us into a world so intimate that we feel as if we are inside that room, yet at the same time remaining alien to it. In this blend of closeness and distance, it irresistibly reminds me of the sensation experienced when contemplating Velázquez's Las Meninas.


Dosmilcien

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